Nota técnica elaborada por Elian Tourn que postula la importancia de esta floración en el desarrollo de las colmenas.
El polen constituye el principal recurso proteico para Apis mellifera, además de contribuir con lípidos, vitaminas y minerales.
La abeja melífera almacena una reserva de aproximadamente un kilogramo de polen, para ser utilizada en días de condiciones climáticas adversas (lluvia, viento, etc.).
La calidad del polen es de suma importancia para el desarrollo de las colmenas. Su valor nutritivo depende del porcentaje de proteína, que puede oscilar entre 2,5% y un 61%, y del valor biológico de esa proteína, señala un artículo técnico elaborado por Elián Tourn que Portal Apícola exhibe acotado y en versión periodística.
Las abejas seleccionan aquellas especies vegetales que ofrecen pólenes con elevado contenido de nitrógeno, condición que se cumple en las plantas de polinización entomófila. Kleinschmidt y Kondos (1976) concluyeron que el polen con menos de 20% de proteína cruda no puede satisfacer las necesidades de la colonia para un óptimo desarrollo. El óptimo se encuentra por encima del 23%.
Por cada 10 gramos de proteína requerida es necesario que consuma 48 gramos de polen que contiene 30% de proteína cruda. Si el contenido de proteínas del polen se reduce del 30% al 20%, la colonia aumenta el consumo de polen de 48 gramos a 72 gramos en un intento de cubrir sus requerimientos.
El polen de girasol (Helianthus annuus), posee niveles de proteína cruda muy pobres, lo que se ve reflejado en la reducción de la vida de las pecoreadoras. Si una colonia de abejas obtiene la mayor parte del polen en un cultivo de girasol, es esperable una disminución en la población debido a los niveles de proteína deficientes en el cuerpo de las abejas adultas.
Los aminoácidos son necesarios para reemplazar las pérdidas endógenas en el intestino, como enzimas, células descamadas y los utilizados mediante el catabolismo asociado con el recambio proteico. La calidad de la proteína suministrada a una colmena determina la reproducción, la cría de reproductores, el tamaño de las abejas individuales en la emergencia y la longevidad de los individuos de la colonia.
Ha habido pocas estimaciones de los requerimientos de aminoácidos para las abejas. De Groot (1953) ha llevado a cabo el estudio más extenso de los aminoácidos esenciales para las abejas. Midió el crecimiento y la retención de nitrógeno de abejas de 2 a 14 días de edad para demostrar que los aminoácidos esenciales para la abeja eran idénticos a los requeridos por los mamíferos. Los aminoácidos que deben ser proporcionados indefectiblemente en la dieta de las abejas son la arginina, histidina, lisina, triptófano, fenilalanina, metionina, treonina, leucina, isoleucina y valina. Glicina, prolina y serina no son esenciales para el crecimiento, pero ejercen un efecto estimulante en el mismo.
De Groot hizo una estimación de los requerimientos mínimos para cada aminoácido esencial en relación con el total de aminoácidos de la oferta. El bajo requerimiento de metionina en las abejas en comparación con otras especies se explica fácilmente por la falta de producción de queratina, proteína del pelo y de las plumas en mamíferos y aves.
Los requerimientos de aminoácidos difieren entre las pecoreadoras y las nodrizas. Las primeras no tienen crecimiento de tejido nuevo o secreción de jalea. La necesidad de aminoácidos en pecoreadoras es sólo para recuperar las pérdidas en secreciones intestinales, desprendimiento a través de las heces y el catabolismo asociado con recambio proteico.
Si el polen carece de uno o más de estos aminoácidos esenciales, tal es el caso de Eucalyptus camaldulensis que no contiene isoleucina, la cantidad de polen consumido es necesario que se incremente para obtener la cantidad de aminoácidos que requiere. A su vez, los pólenes con niveles bajos de proteína expondrían a las colonias a deficiencias más graves de aminoácidos.
Los requerimientos cuantitativos en cuanto a lípidos para Apis mellifera no han sido establecidos aún. Sin embargo, se sabe que algunos lípidos son esenciales para su desarrollo, tal es el caso del colesterol. El polen es la única fuente de lípidos que posee en la dieta, y existe evidencia de que las abejas prefieren pólenes con altos contenidos de lípidos. El contenido de lípidos en los pólenes varía desde 0,8 a 18,9 %.
Los lípidos en la dieta de las abejas tienen una gama de funciones: se oxidan como fuente de energía, se utilizan para la síntesis de fosfolípidos de la membrana celular y como depósitos de almacenamiento en los períodos de pre-pupación, en el invierno y en la maduración de las reinas previamente a la puesta de huevos. Robinson & Nation (1970) encontraron que los lípidos representan el 6,6% del peso fresco en las larvas de seis días de edad y el 2,6% del peso fresco en las abejas. Los ácidos grasos son importantes en el desarrollo, la nutrición y la reproducción de las abejas. Como lípidos dominantes, la jalea real posee el ácido palmítico, oleico, linoleico y mirístico. Los ácidos grasos que predominan en el componente lipídico de las larvas y de los adultos son el oleico (40% y 62%, respectivamente), palmítico (42% y 18%) y esteárico (10% y 14%).
Comparando la concentración de aminoácidos esenciales en el polen de D. tenuifolia (Flor Amarilla) con respecto a los requerimientos encontrados por De Groot (1953) hallamos que posee en exceso alguno y que otros son deficientes. La mayor diferencia en el perfil de aminoácidos fue en la isoleucina. La valina y Fenilalanina son sólo deficientes en cantidades menores al 20 %.
Estos resultados parecieran no corresponder con las observaciones a campo. En la región estudiada (sudoeste bonaerense), durante la primavera es común que más del 90 % del polen que ingresa a las colmenas sea de D. tenuifolia. Más aún en el otoño, cuando puede llegar a ser la única oferta polínica.
Según los resultados obtenidos, debería encontrarse un desarrollo pobre de las colmenas, sin embargo suele encontrarse un gran desarrollo de cría y población durante los picos de floración de la especie. A su vez, en esos momentos las reinas ponen cría en toda la extensión del panal, situación comúnmente encontrada en colmenas ubicadas en el monte, donde la gran variedad de la oferta polínica brinda una dieta balanceada en aminoácidos.
Una gran cantidad de ácidos grasos se encuentran en la fracción lipídica de polen. Los principales ácidos grasos encontrados son mirístico, palmítico, esteárico, oleico, linoleico, linolénico y araquídico.
NOTA COMPLETA EN EL APICULTOR 87 |